La paternidad no existe

El otro día me invitaron a hablar sobre mi experiencia como padre. Era en el módulo de paternidad de una formación para doulas y como me encanta hablar, y además me lo pedía una amiga, dije que sí. Y claro, me pasé unos días pensando en qué decir.

La paternidad.

¿Qué significa ser padre?

¿Qué es un buen padre?

Padre mío, qué difícil. Con la maternidad parece que hay algunas cosas a las que agarrarse, ¿no? El embarazo, el parto, la lactancia, las hormonas… ¿Pero la paternidad? Le di muchas vueltas.

Me acordé de una amiga a la que acompañé en su primer parto. No había papá. Nació el niño y fue al registro. Y toma ya: había que poner un nombre de papá. Por lo de hijo de fulano y mengana. Le dijo que no había, claro. Y la funcionaria le dijo que se inventase un nombre. ¿Qué? Pues eso, que inventase un nombre, que la gente solía poner el del abuelo (materno, se supone). Y eso hizo mi amiga, poner el nombre de su padre.

Y pensando pensando caí en que cuando vas a por el libro de familia, vas con el certificado médico que, claro, pone el nombre de la madre, pero ¿y el padre? Puedes poner el que quieras. Pensadlo. Una mujer tiene un hijo y puede ir con el hombre que quiera y ya está: papá y mamá.

Me acordé también de Michel Odent y su recomendación de que el padre no aparezca en el parto (bueno, ningún hombre). Y de Laura Gutman y todo eso de que el hombre ha de sostener a la mujer y no “encargarse” del bebé. Y de Casilda Rodrigañez y las sociedades matrifocales y todo eso del hombre que protege a la díada (madre-bebé) del exterior.

Y pensé en mí. En mis paternidades. Tengo una hija y un hijo: 9 años y 11 meses. En cómo había sido padre. Y claro, era un lío. Odent mola, pero yo había estado en los nacimientos de mi hijos. Gutman mola, pero yo me encargo también de mi bebé, no sostengo bien a mi novia (se sostiene sola) y apenas consigo sostenerme a mí. Casilda mola, pero yo siempre he sido más triángulo que díada.

¡Era imposible concluir nada! Y se acercaba el momento. Estaba aparcando. Y entonces lo vi: la paternidad no existe. Claro. Existen padres. Además, sonaba rotundo. Era perfecto.

Lo solté de primeras:  la paternidad no existe, existen padres.

Sonrieron y estuvimos hablando dos horas (o más) sobre la paternidad.

Estuvo muy bien.

  , , ,


Un comentario sobre “La paternidad no existe

Comments are closed.